- ¿Qué buscan, qué esperan conseguir de esta misión?
- Obtener respuestas, conocer a quiénes nos hicieron y por qué nos hicieron.
- ¿Por qué su gente me hizo a mí?
- Porque pudimos.
- ¿Puede imaginar lo decepcionante que sería para usted oír eso mismo de su creador?

Esta conversación entre David, el androide, y Charlie, el jefe científico de la nave Prometheus que viaja a Paraíso (un guiño a Milton) en busca de respuestas, resume la esencia que imprima la nueva producción de Ridley Scott, la “precuela” u origen de “Alien, el octavo pasajero”.

La pregunta que pareció haber quedado respondida por la ciencia sigue, no obstante, vigente, porque el ser humano no se conforma con ser el resultado de una evolución biológica natural; necesitamos participar del universo simbólico para percibir la presencia de lo sagrado; para manejar todos los instrumentos del conocimiento; para abrirnos a la realidad última de las cosas; para comprender, en definitiva, y obtener alivio en ese saber de nuestra existencia.

Prometheus es el titán que desafía a los dioses y regala a los humanos el fuego, un elemento que acrecentará su poder y les permitirá estar más cerca de su creador, más cerca del conocimiento, de la verdad. El titán es castigado por ello. El poder del ser humano es el caballo de Troya de la historia, los monstruos del sueño de la razón que inspiran a Ridley Scott en su nueva aventura cinematográfica.

El fotomontaje que hemos realizado y que ilustra esta entrada está inspirado en las palabras del director en una entrevista concedida a Movies.com el pasado 5 de junio. Ridley Scott habla de Space Jockey como un jardinero del espacio,  el ingeniero que sembró la vida y planea volver para destruir el fruto de su esfuerzo tras comprobar que la especie humana no es digna de la oportunidad que se le ha dado. Y hace una alusión a la crucifixión de Cristo.

“Dios no construye en líneas rectas”, dicen en Prometheus.